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Spanair: ¿sabotaje a Cataluña?

Pau Valero 28/01/2012 03:32:55
Spanair es una empresa privada y, como tal, corría los mismos riesgos que cualquier otra de su perfil. Por ejemplo, quebrar, como así ha sido. Por eso, hasta puede parecer impúdico alegar en su defensa, como si mereciera algún trato de privilegio, y más en estos tiempos. Aun así, y en su condición, su discurso, su estrategia de marketing, contenía un factor que la hacía diferente: se vendía como la punta de lanza de una operación que debía convertir el Aeropuerto de Barcelona-El Prat en un 'hub'. O, lo que es lo mismo, tenía que ser la impulsora del ascenso de división del principal aeródromo catalán desde la segunda a la primera división. Con lo que ello comportaba de diferencial de riqueza para Cataluña: no es lo mismo tener un aeropuerto de rutas 'low cost' prefijadas que una estación de enlace de diversos trayectos internacionales. Es algo que cae por su propio peso.

Claro, podría darse el caso de que el discurso tan sólo fuera una estrategia para convencer a la sociedad catalana de que, así como el Barça es más que un club, Spanair era más que una aerolínea, y así conseguir un plus de apoyo. Podría ser... '¡Chapeau!', pues, por haber sabido engañar a los catalanitos, siempre tan dispuestos a dejarse embaucar con cualquier discurso en que la nación se encuentre involucrada. Pero, si es así, habrá que reconocer que el hilo argumental era impecable por coherente. Y, francamente, no creo que fuera mentiroso. Tampoco lo creyó la Generalitat, que siempre ha apostado fuerte por la aerolínea.

Por otra parte, habrá que convenir que sería muy parecido al que se utiliza, y ahora en obra pública, para ciertas infraestructuras -ferroviarias de altos vuelos y aeroportuarias curiosamente de bajos- que son absolutamente ruinosas porque no las utiliza ni el Tato. Y que se pagan entre todos: los que siempre acaban haciéndolo y los que viven del dispendio de los primeros. A buen entendedor... En cambio, nunca han recibido la crítica sistemática que ha acosado a la aerolínea catalana: se las deja hacer y sólo cuando la sangría es flagrante se cierra alguna (ítem más: se habrá fijado el lector que, de entre estas últimas, la única que seguramente levantará el vuelo será el aeropuerto de Lleida-Alguaire: será por aquello tan tradicional de que los catalanes de las piedras hacemos panes... mientras otros sólo se limitan a comérselos).

Lo cierto es que, finalmente, Spanair ha quebrado, como también es cierto que Spanair molestaba. Y ahí está en quid del enigma. Molestaba porque atacaba ese centralismo español que quiere hacer de la capital, Madrid, el centro de todo (¡ay!, Corredor Mediterráneo). Y molestaba porque su éxito podía dar fuerzas al pujante independentismo, al mostrarse como ejemplo de la fuerza económica de un Estado catalán. Por eso cabía eliminarla. Y más en este contexto recentralizador nacido de las elecciones del 20 de noviembre que, ¡cuidado!, no lo es sólo por la victoria del PP sino que responde a una voluntad evidente de las dos principales fuerzas políticas españolas. Cuando el PSOE del jacobino o la renegada, a saber, esté reconstituido, plantará batalla al Gobierno actual en muchos campos. Pero, a buen seguro, no en el de la recentralización. En esto ambos irán de la mano.

Porque está claro que nada sucede por casualidad. Y es muy curioso que la quiebra de Spanair se concrete justo al día siguiente de que la ministra de Fomento, Ana Pastor, se cargue la privatización aeroportuaria y, con ello, el modelo de participación catalana en el aeropuerto barcelonés y se vuelva a la vieja forma de control de esa AENA más fosilizada y carcundiosa que Alfredo Flórez. Dirán algunos que no es así, que todo ha sido consecuencia de la retirada de la inyección de dinero prometida por una Qatar Airways que, de golpe, ha sufrido un ataque de pánico ante las posibles sanciones europeas por haber recibido subvenciones de la Generalitat.

Pero, de nuevo, es curioso el momento del repliegue. ¿Quién puede haber tenido súbito interés en insistir en la aplicación de estas sanciones? ¿Quién puede haber amenazado a Qatar Airways con buscarle las cosquillas ante la Unión Europea?. Los tentáculos españoles son suficientemente largos, incluso para influir en una Europa tan indolente que no hace ni el más mínimo esfuerzo para caer en la cuenta de que con quien debería identificarse es con el otro bando.

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